Guardarlos bien es tan importante como lavarlos
Cuando empiezan los días más cálidos, los acolchados gruesos, frazadas y mantas dejan de ocupar un lugar protagonista en la cama.
El cambio de temporada parece sencillo: lavar, doblar y guardar.
Sin embargo, la forma en que almacenamos estos textiles durante varios meses puede influir considerablemente en cómo los encontramos cuando vuelve el frío.
Humedad, falta de ventilación, suciedad acumulada o un guardado incorrecto pueden generar olor a encierro, manchas e incluso afectar la forma y la textura del producto.
Por eso, antes de liberar espacio en el placard, vale la pena dedicar algunos minutos a preparar correctamente cada textil.
Nunca guardes un textil sin limpiarlo
Aunque un acolchado o una frazada parezcan limpios, durante el uso acumulan polvo, transpiración, partículas de la piel y suciedad ambiental.
Si los guardamos así durante varios meses, esas partículas permanecen en contacto con las fibras durante todo ese tiempo.
Antes de guardar cualquier producto:
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Revisá siempre su etiqueta de cuidado.
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Lavalo solamente de acuerdo con las instrucciones del fabricante.
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Verificá que no tenga manchas antes de almacenarlo.
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Prestá especial atención a bordes y zonas que estuvieron en contacto frecuente con el cuerpo.
También conviene evitar exagerar con detergente o suavizante. Utilizar más producto no necesariamente mejora el lavado y puede dejar residuos en las fibras.
El punto más importante: tiene que estar completamente seco
Este paso es fundamental.
Un acolchado puede sentirse seco por fuera y todavía conservar humedad en su interior, especialmente cuando tiene relleno.
Guardar un producto ligeramente húmedo durante meses dentro de un placard genera las condiciones ideales para que aparezcan olor desagradable, manchas de humedad y deterioro.
Después del lavado, asegurate de que el secado sea completo.
Si el producto es voluminoso, movelo y cambialo de posición durante el proceso para favorecer un secado uniforme.
Y si tenés dudas, es preferible dejarlo airear algunas horas más antes de guardarlo.
No todos los textiles necesitan guardarse de la misma manera
Aunque solemos agruparlos dentro de la misma categoría, una manta liviana, una frazada polar y un acolchado con relleno tienen estructuras diferentes.
Acolchados
Los acolchados ocupan bastante volumen y contienen un relleno que conviene preservar.
Evitá comprimirlos excesivamente durante períodos prolongados.
Doblalos de manera prolija, sin forzar demasiado el relleno, y utilizá un espacio suficientemente amplio para que no queden aplastados por otros objetos pesados.
Frazadas
Las frazadas suelen tolerar mejor el doblado compacto, aunque igualmente deben almacenarse completamente limpias y secas.
Si vas a apilar varias, evitá colocar elementos demasiado pesados encima.
Mantas
Las mantas livianas son fáciles de guardar, pero también pueden absorber olores del placard.
Lo ideal es mantenerlas protegidas del polvo y separadas de superficies que puedan transmitir humedad.
¿Bolsa cerrada, caja o funda de tela?
No existe una única solución para todos los hogares.
Las bolsas y cajas permiten proteger los textiles del polvo, pero hay que asegurarse de que todo esté completamente seco antes de cerrarlas.
Las fundas textiles o contenedores que permiten cierta circulación de aire pueden ser una buena alternativa para guardados prolongados.
Lo más importante es evitar que el producto quede en contacto directo con humedad, paredes frías o pisos.
Si utilizás una bolsa plástica, nunca guardes el textil inmediatamente después del secado si todavía conserva humedad residual.
¿Conviene usar bolsas al vacío?
Las bolsas al vacío son prácticas porque reducen muchísimo el espacio ocupado.
Pero no siempre son la mejor opción para todos los productos.
La compresión prolongada puede afectar temporalmente el volumen de algunos acolchados y rellenos.
Para frazadas o textiles sin demasiado volumen pueden resultar prácticas, pero cuando se trata de un acolchado con relleno conviene revisar previamente las recomendaciones del fabricante.
Si tenés espacio suficiente, almacenarlo sin una compresión extrema suele ser una alternativa más conservadora.
Elegí bien el lugar donde los vas a guardar
El mejor envase no sirve de mucho si el lugar de almacenamiento es húmedo.
Buscá un espacio:
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Seco.
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Limpio.
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Alejado de filtraciones.
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Sin contacto directo con el piso.
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Con buena ventilación general.
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Protegido de la exposición solar permanente.
Los placares ubicados contra paredes que reciben humedad exterior merecen especial atención.
Antes de guardar los textiles por varios meses, revisá que no haya olor a humedad, manchas en la pared o condensación.
Cuidado con los perfumes fuertes
Es tentador guardar acolchados y mantas con perfumes intensos para encontrarlos con buen aroma meses después.
Pero un aroma agradable no reemplaza una correcta limpieza y ventilación.
Además, algunos productos aromáticos pueden entrar en contacto directo con la tela y dejar manchas.
Si utilizás algún aromatizante para placard, evitá colocarlo directamente sobre los textiles.
Aprovechá el cambio de temporada para revisar el estado de cada producto
Guardar la ropa de cama también es un buen momento para hacer una pequeña revisión.
Observá:
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Costuras.
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Bordes.
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Relleno.
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Manchas.
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Desgaste.
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Estado general de la tela.
Detectar un pequeño problema antes de guardar el producto permite solucionarlo con tiempo y evita encontrarse con una sorpresa cuando vuelve el invierno.
¿Y cuando vuelva el frío?
Después de varios meses guardado, no necesariamente hace falta volver a lavar todo.
Si el producto fue almacenado limpio, seco y correctamente protegido, muchas veces alcanza con retirarlo, desplegarlo y dejarlo airear antes de volver a colocarlo en la cama.
También es normal que un acolchado comprimido necesite algunas horas para recuperar su volumen.
Extendelo sobre la cama, movelo suavemente y permití que el relleno vuelva a distribuirse.
Un buen cuidado puede acompañar al producto durante muchas temporadas
La duración de un textil no depende únicamente de su calidad.
También depende de cómo lo usamos, cómo lo lavamos y qué hacemos con él durante los meses en los que no lo necesitamos.
Guardar correctamente acolchados, frazadas y mantas ayuda a conservar mejor su textura, forma y apariencia, además de evitar ese clásico olor a encierro cuando vuelve el frío.
En Perhaus creemos que conocer cómo cuidar cada producto es parte de elegir mejor.
Porque un buen textil no está pensado para una sola temporada, sino para acompañar tu hogar durante muchos años.
